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Mostrando las entradas etiquetadas como Mis historias

La Campera

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     Los sábados tocaba subir. Subir,  porque la carretera serpenteaba y giraba mil veces siempre hacia arriba. Es curioso: creo que en aquel trayecto, a pesar de la frecuencia con la que me pasaba, nunca me mareé.  Y dos o tres curvas eran y aún son , a pesar de los años y las perspectivas de adultos que acaban con todo recuerdo romántico,  peliagudas. Unos metros de recta dejaban adivinar el final del viaje y el encuentro con ellas:las mujeres de mi familia paterna.      Me rodean las mujeres fuertes.  O más fuertes. Mujeres con vidas duras y pocas alegrías fáciles; mujeres que se curraron la felicidad a base de muchas lágrimas,  viudedades y pérdidas tempranas de hijos, de padres, de apoyos. Mujeres que decidieron por sí mismas y se pusieron como peineta los qué dirán. Mujeres cansadas y menudas, llenas de sol del que abrasa cuando se trabaja desde el amanecer hasta que las piernas varicosas ya no aguantan más.  ...

SOLO

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    Hace un tiempo que pasea solo. Da una vuelta a la manzana. Cuando se siente con más ganas y le sobran minutos se aventura una manzana más.      Las manos a la espalda, cruzados los dedos sobre algún trocito de papel que ha doblado mil veces y que aprieta con las uñas. Antes, cuando los paseos eran más largos y llegaban a sentarse al parque, cortaba alguna hoja de un seto verde perenne y ella le recriminaba a la vuelta que siempre llevaba las huellas de los dedos sucias. Y él se encogía de hombros.    Hace un tiempo que pasea solo y en su lento caminar va observándolo todo. Se detiene a leer las ofertas de la carnicería nueva y le sorprenden la de platos que ya se venden medio hechos. Mira dentro de los bares de barrio, estrechos, sin apenas más sillas que las que permiten apoyar codos y vidas cansadas en la barra. No se permite ni una pinta. Que se conoce.     Algunas mañanas se encuentra a un vecino de antes, de cuando en el barr...

Leyendo

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     Acababa de jubilarse cuando decidieron que era el momento de operarse de cataratas. Le daba pánico. Es lo que suele pasarle a aquellos que nunca han estado enfermos. Los hospitales, aunque sea para asuntos rutinarios dan un cierto repelús.       Tras unos días de cabeza rígida y pasó vacilante, descubrió que llevaba años sin ver. La luz adquirió brillo y los colores surgieron de golpe y porrazo. Y de pronto las letras se mostraron con nitidez. Y empezó a leer.       Al principio, con vergüenza y lentitud. Es lo que tiene la falta de hábitos. Después,  cogió carrerilla y se lanzó a la novela.      De ahí a convencerla para que visitara la biblioteca no hubo un paso ni fue fácil.  Muchos años de ignorancia llevan a pensar que hay un mundo no reservado para algunos. Pero el tesón o la cabezonería de los nietos pudo con sus sonrojos.      Gracias a la pasión que sienten las persona...

Me acuerdo....

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       Para los desmemoriados como yo, recordar es un lujo. La vida se va llenando de pasado y los recuerdos son tesoros. Entre otras imágenes,  me vienen estas. Hay más,  pero me las reservo.😊  • Me acuerdo del día que murió mi bisabuela Aniceta. La velaron en casa y los niños, que no teníamos con quién quedarnos, estábamos en la cocina, con órdenes claras: nada de ruido y sin salir. Nos dieron para merendar una caja de galletas de esas de dos pisos, que sólo se abrían en ocasiones especiales, que contenían barquillos de chocolate envueltos en papel de colores brillante, por las que nos peleábamos todos, dejando las que no tenían ninguna gracia para el último que llegara y haciendo trampa con la capa de abajo, aunque teníamos prohibido empezar la segunda hasta que no hubiésemos acabado la superior.  • Me acuerdo de los bocadillos de pan untado con mantequilla y espolvoreado de chocolate de La Herminia rallado encima.   • M...

Milines

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         En las ciudades,  dicen algunos, que no se lleva lo de los vecinos.  Dicen los mismos que es cosa de pueblos y de antes. Puede ser.     Criada en pueblo, dejábamos la puerta abierta de casa desde que llamábamos al timbre hasta que llegábamos arriba, sin miedo a intrusos; merendábamos si hacía falta en casa de Rosario y Aurelio, los vecinos de puerta, cuando en casa se iban a algún recado urgente; gritábamos desde la calle: "Mamá,  tiranos el bocadillo, o la goma de saltar, o la chaqueta"; pedíamos azúcar y sal, pero también sillas en Navidad, una niñera ante una emergencia y si hacía falta cama para familia llegada de las Américas.         Pero en la ciudad, o al menos en algunos barrios de tiendas pequeñas y bares conocidos donde dejar recados, también con suerte, se encuentran vecinos. Y por eso hoy, le hago un pequeño homenaje a la mujer del noveno, a Emilia, o Milines, como ella prefería....

Tardes de sábado

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     Hay un café en Gijón que a pesar de los cambios que la vida le ha impuesto, sigue manteniendo ese encanto de café viejo. Un local de esos en los que a la consumición le acompañan un comestible y cháchara. A pesar del lavado de imagen que le han querido dar los nuevos regentes, siguen manteniendo entre sus clientes fijos a las personas de una cierta edad.        Hay grupos de señoras con solera.  Gastan pintalabios grasos de color cereza y abultados peinados conseguidos con rulos prietos y laca; señoras de esas que cada sábado y domingo abren sus joyeros repujados y buscan un collar de perlas heredado o una pulsera que en su día fue regalo de un marido que las ha dejado viudas.  Consumen un café pequeño o si se estiran, un chocolate con churros, que a la hora oportuna, será su merienda-cena, ese concepto tan de antes, tan de siempre. Revuelven el azúcar con parsimonia, permitiéndose perder un tiempo que cuando eran más jóvenes les...

Cuatro datos y un relato

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Un ejercicio narrativo: cuatro datos biográficos y a escribir. La suerte de esos datos fueron los que aparecen a continuación. El relato aquí sigue.  DATOS DE UNA BIOGRAFÍA Sexo y lugar: mujer, Galicia. Época: años 60 Características físicas: tuerta. Características psicológicas: desconfiada. Siempre contaba la abuela Maruxa que ella había nacido gracias a que había arreciado la tormenta y su madre odiaba los truenos, así que viendo que la cosa se ponía fea y que las meigas llegaban cabalgando relámpagos, había empujado con tanta fuerza que la niña había salido en un momento, al son de las campanadas de la iglesia de Santa María A Nova y de los gritos de una madre agotada. La abuela pronto había echado a un lado a la comadrona, que siendo de Muros poco iba a saber de recién nacidos y de partos, habiendo como había mujeres en Noia bastante más preparadas, y  la había arropado con una manta tejida al amor de la lumbre y en noches de vigilia esperando la luz de...

Mujeres de acero

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   En la escuela de la señorita Milagros destacaban dos niños por todo: por guapos, por listos, por quererse con locura. La señorita Milagros los miraba con adoración y también ellos a ella.  Juan y Mariana tenían 9 años y  llevaban tres años en la escuela, sin faltar ni un solo día. Ni los más fríos del invierno, en los que los sabañones casi no les dejaban agarrar las plumas; ni los más calurosos del verano, que aunque no había clases, seguían pasándose por su casa, tras la escuela, para contarle cómo habían pasado el día bañándose en el río, a la hierba... y sentados a la sombra sobre un tocón de un viejo árbol, leían con ella un rato y merendaban  pan con chocolate y manzanas.  Eran niños despiertos, ante  los que la señorita veía un futuro brillante, porque aprendían rápido, se esforzaban, querían saberlo todo y tocaban los libros con tal mimo que ella intuía que serían felices entre ellos. Les contaba cómo había sido su vida en un pueblo ...

El Patri

En todo pueblo, ciudad o barrio hay algún personaje peculiar, extraño, benigno a pesar de su aspecto descuidado. A veces con mirada de loco o ausente ( o ambas cosas pues siempre hay ausencia en la locura). Los hay que hablan solos, que se dirigen al paseante sin esperar respuesta o esperando conversación.     Nosotros tuvimos la suerte de conocer al Patri. Y parte de su historia, la que él quiso compartir junto con una cerveza fría . El resto de esa historia me la invento.       El Patri no es tan mayor como aparenta. Dice que no recuerda su edad, pero no es cierto: sabe que tiene 65 años y que nació en Inglaterra. Pero como no le da ningún valor a su edad, la niega. Él aún se siente joven y con ganas de vivir. Las pocas veces que se atreve a mirarse en un espejo, de refilón y porque no lo ha visto venir, no reconoce tanta arruga, tanta cana y tanta ausencia de pelo.       Vive en una vieja caravana al salir ...

Una vida

  Hace un tiempo, en un taller de escritura en el que ademàs de palabras encontré gente maravillosa, unas imágenes anónimas llevaron a inventar vidas. Siempre me ha gustado imaginar vidas... Un ejemplo.     Silverio Fuertes tiene ya 90 años y con un golpe de suerte y si evita la gripe, que tiene claro que es la enemiga de todos los que han sido sus compañeros de tute, llegará al siglo. Sus hijos creen realmente que va  a celebrar los cien años, porque si de algo se enorgullecen todos y cada uno de ellos es de la salud de toro de su padre, que con sus años todavía cuida la huerta, pasea con los perros y bebe un orujo diario, que como Silverio dice, le entona el cuerpo.          Silverio nació en la aldea. Cuando cumplió ocho años, llegó un maestro a quedarse y con mucha paciencia fue convenciendo a todas las mujeres para que le enviaran por unas horas a los niños. Así que, cuando ya había hecho sus tareas, se lavaba con cuidado manos y ore...