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Mostrando las entradas etiquetadas como Mujeres de acero

La Campera

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     Los sábados tocaba subir. Subir,  porque la carretera serpenteaba y giraba mil veces siempre hacia arriba. Es curioso: creo que en aquel trayecto, a pesar de la frecuencia con la que me pasaba, nunca me mareé.  Y dos o tres curvas eran y aún son , a pesar de los años y las perspectivas de adultos que acaban con todo recuerdo romántico,  peliagudas. Unos metros de recta dejaban adivinar el final del viaje y el encuentro con ellas:las mujeres de mi familia paterna.      Me rodean las mujeres fuertes.  O más fuertes. Mujeres con vidas duras y pocas alegrías fáciles; mujeres que se curraron la felicidad a base de muchas lágrimas,  viudedades y pérdidas tempranas de hijos, de padres, de apoyos. Mujeres que decidieron por sí mismas y se pusieron como peineta los qué dirán. Mujeres cansadas y menudas, llenas de sol del que abrasa cuando se trabaja desde el amanecer hasta que las piernas varicosas ya no aguantan más.  ...

Leyendo

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     Acababa de jubilarse cuando decidieron que era el momento de operarse de cataratas. Le daba pánico. Es lo que suele pasarle a aquellos que nunca han estado enfermos. Los hospitales, aunque sea para asuntos rutinarios dan un cierto repelús.       Tras unos días de cabeza rígida y pasó vacilante, descubrió que llevaba años sin ver. La luz adquirió brillo y los colores surgieron de golpe y porrazo. Y de pronto las letras se mostraron con nitidez. Y empezó a leer.       Al principio, con vergüenza y lentitud. Es lo que tiene la falta de hábitos. Después,  cogió carrerilla y se lanzó a la novela.      De ahí a convencerla para que visitara la biblioteca no hubo un paso ni fue fácil.  Muchos años de ignorancia llevan a pensar que hay un mundo no reservado para algunos. Pero el tesón o la cabezonería de los nietos pudo con sus sonrojos.      Gracias a la pasión que sienten las persona...

Encarna

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Yo tenía una bisabuela pelirroja y pequeñita que se llamaba Encarna. Pero esa es otra historia.        En 1920 Encarna tenía 16 años, el pelo rojo y el cuerpo lleno de pecas, tantas que cuando no podía dormir, se entretenía en contarlas y poco a poco un sueño dulce se la llevaba a Francia, donde una vecina se había ido a vivir y a servir. Una nena "pinta la rama" como sus hermanas, Visi y Piedad.      Ya no iba a la escuela: sabía leer y escribir y era buena haciendo sumas y restas. Pero Angelina, su madre, quería que tuviera una profesión y como en la escuela del pueblo la maestra no se había esmerado en la costura, decidió mandarla a Mieres a coser con doña Berta, que daba clases a niñas y jovencitas en edad casadera, de punto de cruz, de flores rococó,  y aprendían a cortar patrones muy modernos, que traía una hija de Bilbao.       Cada tarde, después de comer, cogía su labor y bajaba la cuesta en dirección a la ...

Milines

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         En las ciudades,  dicen algunos, que no se lleva lo de los vecinos.  Dicen los mismos que es cosa de pueblos y de antes. Puede ser.     Criada en pueblo, dejábamos la puerta abierta de casa desde que llamábamos al timbre hasta que llegábamos arriba, sin miedo a intrusos; merendábamos si hacía falta en casa de Rosario y Aurelio, los vecinos de puerta, cuando en casa se iban a algún recado urgente; gritábamos desde la calle: "Mamá,  tiranos el bocadillo, o la goma de saltar, o la chaqueta"; pedíamos azúcar y sal, pero también sillas en Navidad, una niñera ante una emergencia y si hacía falta cama para familia llegada de las Américas.         Pero en la ciudad, o al menos en algunos barrios de tiendas pequeñas y bares conocidos donde dejar recados, también con suerte, se encuentran vecinos. Y por eso hoy, le hago un pequeño homenaje a la mujer del noveno, a Emilia, o Milines, como ella prefería....

Cuatro datos y un relato

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Un ejercicio narrativo: cuatro datos biográficos y a escribir. La suerte de esos datos fueron los que aparecen a continuación. El relato aquí sigue.  DATOS DE UNA BIOGRAFÍA Sexo y lugar: mujer, Galicia. Época: años 60 Características físicas: tuerta. Características psicológicas: desconfiada. Siempre contaba la abuela Maruxa que ella había nacido gracias a que había arreciado la tormenta y su madre odiaba los truenos, así que viendo que la cosa se ponía fea y que las meigas llegaban cabalgando relámpagos, había empujado con tanta fuerza que la niña había salido en un momento, al son de las campanadas de la iglesia de Santa María A Nova y de los gritos de una madre agotada. La abuela pronto había echado a un lado a la comadrona, que siendo de Muros poco iba a saber de recién nacidos y de partos, habiendo como había mujeres en Noia bastante más preparadas, y  la había arropado con una manta tejida al amor de la lumbre y en noches de vigilia esperando la luz de...

Mujeres de acero

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   En la escuela de la señorita Milagros destacaban dos niños por todo: por guapos, por listos, por quererse con locura. La señorita Milagros los miraba con adoración y también ellos a ella.  Juan y Mariana tenían 9 años y  llevaban tres años en la escuela, sin faltar ni un solo día. Ni los más fríos del invierno, en los que los sabañones casi no les dejaban agarrar las plumas; ni los más calurosos del verano, que aunque no había clases, seguían pasándose por su casa, tras la escuela, para contarle cómo habían pasado el día bañándose en el río, a la hierba... y sentados a la sombra sobre un tocón de un viejo árbol, leían con ella un rato y merendaban  pan con chocolate y manzanas.  Eran niños despiertos, ante  los que la señorita veía un futuro brillante, porque aprendían rápido, se esforzaban, querían saberlo todo y tocaban los libros con tal mimo que ella intuía que serían felices entre ellos. Les contaba cómo había sido su vida en un pueblo ...