LOS NIÑOS Y EL CINE. EL CINE Y LOS NIÑOS.

 


     Sigo con Nuestra casa en el árbol. Hay libros que se dejan exprimir hasta extremos insospechados y eso le pasa a este.
        Michael, uno de los niños de este canto de amor a la infancia, es un cinéfilo empedernido. Es disléxico y odia el colegio porque no le aporta nada. Porque es un niño con inquietudes, listo como el hambre y con una capacidad alucinante para argumentar y debatir. El cine le sirve para aprender, para comunicarse, para crear teorías, para formar una personalidad que Lea Vélez ha confeccionado con mimo y supongo que con retazos de biografía.
      Por supuesto, y por necesidades del guión (lo siento, pero "guion" a la RAE no me gusta y yo como J.R. Jiménez me permito mis licencias), su tutora y profesora es insoportable y bastante obtusa. Ana, la madre de Michael y alter ego de @leavelez, entiendo, se justifica:
"Ya, pues siento no ser más colaboradora, pero es que yo lo que quiero es animar su imaginación, no coartarla. Necesito que entiendas que Michael es un narrador nato. Un amante del teatro, del conocimiento y del lenguaje. vive dentro de las películas, las reproduce, las reorganiza en su cabez, aprende de ellas. Es su manera de practicar la escritura y la imaginación. 
(...)
Y era verdad. A Michael no le interesaba ni un poco una película llena de tiros y explosiones a no ser que tuviera historia, personajes, tensión, un mecanismo de relojería detrás. En casa éramos amantes de las buenas historias. ¿Que muchas de esas buenas historias vienen con disparos y pistolas? Sí, ¿y qué? ¡ que toda la violencia nos la den ahí! Ojalá ahí nos la dieran toda. Que toda la violencia viva encerrada por siempre en una pantalla de plasma o enla imaginación e un niño. Que toda la violencia esté cautiva a perpetuidad, encerrada en un cristal negro, como símbolo del bien y del mal, desahogo de instintos cazadores o suma advertencia moral." (...)

     No puedo estar más de acuerdo. El cine es útil y mágico. El buen cine, claro. Y el cine que se ve en familia, que se explica. No sirve enchufar a la tele a los niños y que ellos solos se creen una imagen distorsionada de lo que ven. Como la lectura, las conversaciones, los chistes necesitan ser compartidos y analizados y debatidos y explicados hasta donde llegue la capacidad de comprensión.
    No es todo Disney, como no es real la vida masticada por los padres, por los abuelos, por la sociedad, por el colegio. La vida tiene violencia y complicaciones, y escalones que se hacen eternos y puertas, muchas puertas.La vida no es un cuento de hadas. Es una película o una novela de la que conocemos el final, y lo interesante es lo que pase hasta que ese final llegue.
   García Márquez escribió dos obras magistrales, para mí: Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada. Ambas empiezan contándonos el final y no por ello las hemos dejado de leerecordarme,   agarrados de emoción a sus páginas. Por cierto, hay violencia, pero sabemos que es ficción (que no mentira) en ellas. ¿Y?

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